Besos y porros

El verano en que te marchaste hacía mucho calor y me hubiera gustado decirte que no te fueras.
Pero pensé que todos los adíos se parecen, así que no dije nada.

La torre Agbár iluminaba nuestras noches, cuando iba a recogerte. Cruzabas la plaza con gafas de sol, sonriendo, y yo estaba seguro de que venías para matarme.

Hoy llevas puesto un vestido verde y la gente da media vuelta para mirarte. Yo también te miro, mientras pides un cortado. Hablas rápidamente, gesticulando. No has cambiado mucho.

¿Cómo estás? Me preguntas. Hay días en que intento vivir, sin conseguirlo. Lo peor es que no existo, si no me miras tú.

No quiero irme, dices. Sólo quedamos tu y yo, como siempre. Llevé un año esperandote, ¿por qué no viniste?

Se derriten las estrellas y la noche. Y por primiera vez todas mis palabras son equivocadas.

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